Anastasia Romanov Vs Anna Anderson

Publicado: 10 marzo, 2013 en Siglo XX
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En 1922 en un sanatorio mental cerca de Berlin, una interna llamaba la atencion sobre el mundo al asegurar ser la mismisima zarina Anastasia Nikolayevna Romanov, supuestamente ejecutada junto al resto de su familia por las ordas bolcheviques durante la revolucion rusa unos años antes.

La ejecución de los Romanov

El 17 de julio de 1918, Nicolas II, ultimo zar de Rusia, fue ejecutado junto a su familia por miembros del ejercito rojo en la ciudad de Ekaterimburgo, los cuerpos fueron sepultados en una fosa comun cavada en un bosque cercano al lugar.

Tras la abdicación del zar Nicolás II Rusia entró vertiginosamente en una guerra civil. Las negociaciones para la liberación de la familia imperial entre los bolcheviques  y el resto de la familia, muchos de ellos importantes miembros de casas reales europeas, se suspendieron. El avance del Movimiento Blanco, cuyo brazo militar era conocido como Ejército Blanco o Guardia Blanca (compuesto por legalistas fieles seguidores del zar y de los principios de la autocracia) sobre Ekaterimburgo dejaba al Ejército Rojo en una situación precaria. Los “rojos” sabían que Ekaterimburgo caería por la mayor superioridad y la mejor preparación del Ejército Blanco. Cuando los “blancos” llegaron a la ciudad, la familia imperial simplemente había desaparecido. La teoría más aceptada fue que habían sido ejecutados. A esta conclusión llegó el investigador del Movimiento Blanco Nicolás Sokolov, basada en el descubrimiento de efectos personales de la familia imperial encontrados en un pozo situado en la mina Ganina Yama.

El Informe Yurovski

El Informe Yurovski, un informe de los hechos remitido por Yurovski a sus superiores bolcheviques tras la ejecución, fue encontrado en 1989 y reproducido en el libro El último Zar de Edward Radzisnky (1992). Según el informe, la noche de la masacre la familia fue despertada y se solicitó que se vistieran. Cuando preguntaron la razón, se les informó que iban a ser trasladados a una nueva ubicación por su seguridad, por la proximidad del Ejército Blanco a Ekaterimburgo y la violencia que ello podría conllevar. Una vez vestidos, la familia y un reducido círculo de sirvientes y ayudantes (el doctor Sergéi Botkin, la doncella Ana Demídova, el cocinero Iván Jaritonov, el lacayo Alekséi Trupp y un perro) fueron llevados a uno de los sótanos de la casa, y se les pidió que esperaran con el pretexto de que iban a hacerles una foto antes de partir. A Alejandra y Alexis se les permitió sentarse en sillas, a petición de la zarina, con la condición de que estuvieran vigilados por guardias. Pasados los minutos, entraron en la habitación los ejecutores comandados por Yurovski. Sin preámbulos levantó el revólver y declaró al zar que el pueblo ruso lo había condenado a muerte. El zar alcanzó a balbucear: “¿qué?” y se giró hacia su familia en el momento en que Yurovski le disparó a quemarropa un tiro en la cabeza. Cuando el zar cae muerto, la zarina y su hija Olga tratan de hacer el signo de la cruz, pero son asesinadas con la primera ráfaga de los ejecutores, al recibir disparos en la cabeza. El resto de la familia imperial es asesinada con la siguiente ráfaga, a excepción de Ana Demidova, la criada de Alejandra. Demídova sobrevivió a la ráfaga inicial pero fue rápidamente rematada a bayonetazos contra una de las paredes del sótano, mientras intentaba protegerse con una almohada, repleta en su interior de joyas y piedras preciosas.

El Informe Yurovski añadía que una vez el humo de los disparos permitió ver el resultado de la ejecución con más claridad, se descubrió que algunas de las balas de los ejecutores se habían quedado incrustadas en los corsés de algunas de las Grandes Duquesas. Esto se debía a las joyas y piedras preciosas que las muchachas habían cosido dentro de sus ropas, para evitar que sus captores se las quitaran, involuntariamente les habían servido de armadura contra las balas. Yurovski escribió que Anastasia y María se acurrucaron contra una pared con las manos en la cabeza, antes de ser alcanzadas por los disparos. Sin embargo otro guardia, Piotr Yermakov, le explicó a su mujer que Anastasia había sido rematada a bayonetazos. Cuando llevaron los cuerpos fuera, una o más de una de las chicas empezaron a llorar, y fueron rematadas con golpes en la cabeza, según escribió Yurovski.

Comienza la leyenda

Anastasia Romanov

Anastasia Romanov

Aquí empieza la leyenda de la posible supervivencia y posterior fuga de Anastasia. Anna Anderson, la más famosa pretendiente a ser la Gran Duquesa, afirmaba que se había hecho pasar por muerta entre los cuerpos de su familia y los criados, y que pudo escapar gracias a la ayuda de un guardia compasivo que la rescató al ver que aún estaba viva. Anderson fue una de las al menos diez mujeres que afirmaban ser Anastasia. Algunas menos conocidas fueron Nadezhda Ivánovna Vasílieva y Eugenia Smith. Dos jóvenes que afirmaban ser Anastasia y su hermana María fueron encontradas por un sacerdote de los Montes Urales, donde vivieron como monjas hasta su muerte en 1964. Fueron enterradas bajo los nombres de Anastasia y María Nikoláyevna.

Estos rumores de supervivencia fueron avivados por varios informes contemporáneos que hablaban de registros en trenes y casas, por parte de soldados y la policía secreta bolchevique, en busca de “Anastasia Románova”.Durante su breve encarcelamiento en Perm en 1918, la princesa Helena Petrovna, mujer de un primo lejano de Anastasia, el Príncipe Ioán Konstantínovich de Rusia, explicó que un guardia trajo a su celda a una muchacha llamada Anastasia Románova y le preguntó si aquella muchacha era la hija del zar. Ante la negativa de Yelena Petrovna, el guardia se la volvió a llevar.Hubo más testigos que afirmaron haber visto en Perm a Anastasia, a su madre y a sus hermanas después del asesinato, aunque actualmente se considera que no es más que un rumor sin ninguna evidencia palpable.Un informe que reviste más credibilidad por parte de algunos historiadores, asegura que ocho testigos vieron cómo guardias armados capturaban a una joven que intentaba huir del andén 37 de una estación de ferrocarril al noroeste de Perm, en septiembre de 1918. Los citados testigos fueron Maxim Grigóriev, Tatiana Sítnikova y su hijo Fiódor Sítnikov, Iván Kuklín y Matriona Kukliná, Vasili Riábov, Ustinia Baránkina, y el doctor Pável Utkin, un médico que trató a la muchacha después del incidente.  Algunos de estos testigos identificaron a la muchacha como Anastasia cuando les fueron mostradas fotos de la Gran Duquesa por detectives del Ejército Blanco. El doctor Utkin también explicó a los detectives del Ejército Blanco que la muchacha herida, a la que trató en la oficina de la Cheka en Perm, le dijo: “Soy la hija del soberano, Anastasia”. Utkin consiguió una receta de una farmacia para un paciente llamado “N”, custodiado por la policía secreta. Más tarde, detectives del Ejército Blanco encontrarían registros de esa receta. Durante ese mismo periodo, mediados de 1918, numerosos jóvenes fingieron ser miembros de la familia Románov que habrían escapado a las matanzas. Borís Solósiev, marido de una de las hijas de Rasputín, María, estafó a importantes familias rusas al pedirles dinero para que un falso Románov pudiera huir a China. Solósiev también encontró a numerosas jóvenes dispuestas a hacerse pasar por alguna de las Grandes Duquesas para beneficiarse de las familias que había estafado.

Sin embargo, algunas teorías apuntan a que hubo posibilidad de que uno o más guardias pudieran ayudar a algún superviviente. Yákov Yurovski había ordenado a los guardias que se presentaran en su oficina para devolver los objetos robados tras la ejecución. Se apunta a que durante un largo espacio de tiempo los cuerpos permanecieron sin vigilancia en el camión que los transportaría, en el sótano o en los pasillos de la casa. También se apunta a que varios soldados, que no habían participado en la matanza y que habían mostrado cierta empatía hacia las grandes duquesas, pudieron estar en el sótano con los cuerpos.

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Durante una sesión del juicio celebrado en Alemania, entre 1964 y 1967, para probar la verdadera identidad de Anna Anderson, el sastre vienés Heinrich Kleibenzetl, que vivía y trabajaba frente a la casa Ipátiev, declaró que pudo ver a una malherida Anastasia inmediatamente después de la masacre de Ekaterimburgo, el 17 de julio de 1918. La joven estaba siendo atendida por su casera, Anna Boudin, en una casa situada justo frente a la Casa Ipátiev. Según recogió Peter Kurth, en su libro Anastasia: El misterio de Anna (Anderson), Kleibenzetl declaró haber oído disparos que provenían de la Casa Ipátiev y una de las chicas que gritaba “Mamá”, y huyó corriendo de allí. Estuvo una hora y media caminando por el pueblo y al regresar vio cómo su casera llenaba un cubo con agua: “No entres en tu habitación” le dijo, para después decirle “Dios mío, en ti puedo confiar. Es Anastasia, la Gran Duquesa, está en tu habitación. Está herida. Estoy intentando que beba un poco de té”. Kleibenzetl le dijo que le ayudaría y subió las escaleras hasta su habitación: “La parte inferior de su cuerpo estaba cubierta de sangre, tenía los ojos cerrados y estaba pálida como una hoja”, declaró.”Le lavamos la barbilla, Frau Ánushka y yo, y la muchacha gimió. Debía tener los huesos rotos. Y entonces abrió los ojos durante un minuto”. La muchacha permaneció en la casa durante tres días, hasta que el mismo Guardia Rojo que la había traído se la volvió a llevar. Kleibenzetl nunca más volvió a saber de ella.

Kleibenzetl solía llevar ropa a la casa Ipátiev y había visto a las grandes duquesas allí, aunque nunca habló con ellas. En su declaración recalcó que la muchacha herida era “una de las mujeres” que había visto paseando por el patio de la casa Ipátiev, pero que no reconoció si era Anastasia u otra persona.

También llegaron noticias desde Bulgaria de la posible supervivencia de Anastasia y de su hermano pequeño Alexis. En 1953 Peter Zamiatkin, presunto miembro de la guardia de la familia imperial rusa, le explicó a un chico de 16 años, que convalecía en el hospital con él, que llevó a Anastasia y a su hermano Alexis a su pueblo natal, cerca de Odesa, siguiendo las órdenes del zar. Después del asesinato del resto de su familia, Zamiatkin habría llevado a los niños en barco desde Odesa hasta Alejandría. Los supuestos “Anastasia” y “Alexis” habrían vivido bajo nombres falsos en la ciudad búlgara de Gabarevo, cerca de Kazanlak. La Anastasia búlgara se hacía llamar Eleonora Albértovna Kruger y murió en 1954.

Anna Anderson

Anna Anderson

Anna Anderson

La posible supervivencia de Anastasia es una de las grandes leyendas del siglo XX. En 1922 los rumores sobre que una de las Grandes Duquesas o, incluso, toda la familia habían sobrevivido propició la aparición en Alemania de una mujer que se hacía llamar Anna Anderson. Fue encontrada a punto de suicidarse en el puente del río Spree en Berlín (Alemania), dos años después de la masacre. Fue internada sin identificar en una institución para enfermos mentales, donde dos años después aseguró ser la Gran Duquesa Anastasia, que había sido declarada muerta en Ekaterimburgo. Siempre hubo confusión en cuanto a la verdadera identidad de Anna Anderson debido a los supuestos conocimientos que tenía sobre Anastasia que, según se decía, solo la verdadera Gran Duquesa podía conocer. Algunos familiares de los Románov declararon que probablemente Anna era la Gran Duquesa, pero otros nunca estuvieron convencidos. Pero Anna Anderson fue la que creó el mito y convirtió la leyenda de Anastasia enhb famosa. La batalla por conocer su verdadera identidad se convirtió en el juicio más largo de la historia de Alemania, ya que se inició en 1938 y fue oficialmente cerrado en 1970. El veredicto final estableció que Anna Anderson no pudo aportar suficientes pruebas para demostrar que era la Gran Duquesa. Pero también se estableció que la muerte de Anastasia no se podía confirmar como hecho probado.

Anna Anderson moriría de neumonía en 1984, siendo su cuerpo incinerado. En 1994, usando muestras de un pañuelo suyo encontrado en el hospital, junto con la sangre de Felipe de Mountbatten, príncipe de Edimburgo (quien sería su pariente lejano), se le hicieron unas pruebas de ADN. Según el doctor Gil: “Si aceptamos que estos restos son de Anna Anderson, entonces Anna Anderson no está emparentada con el zar Nicolás II ni la zarina Alejandra”. Al compararlo con familias de una lista de desaparecidos en 1918 y 1920 se descubrió que su auténtica identidad era Franziska Schanzkowska, nacida en Pomerania (Polonia) el 16 de diciembre de 1896 y desaparecida en marzo de 1920 cuando perdió la memoria trabajando en una fábrica de Berlín. Al encontrarla cerca de un puente de aquella ciudad, asumió los relatos de Anastasia que su marido le había contado como si fuera de su propia vida. Explicaba que el soldado que la rescató y después se había casado con ella era el soldado Tschaikovsky (ruso-polaco), que habría estado presente en la matanza de los Románov en 1918.

Sin embargo, nuevas pruebas forenses realizadas en 1994, comparando la cara y las orejas de Anastasia y Anderson, siguiendo un procedimiento de identificación concluyeron que Anna Anderson era la Gran Duquesa Anastasia. Estas pruebas aparecieron en un documental de la televisión británica.

Tras el hallazgo de los restos del zarévich y de la otra hija en 2007, pruebas del ADN mitocondrial de una muestra de tejido de Anna Anderson, recogida durante un procedimiento médico en 1979 y que se guarda en el hospital Martha Jefferson de Charlottesville (Virginia), se comparó con el de los Románov y sus familiares, no coincidiendo ni con la del duque de Edimburgo ni con los huesos, lo que confirma que Anderson no era Anastasia. Las muestras de ADN coinciden con Carl Maucher, sobrino de Franziska Schanzkowska, lo que indica que Maucher y Anderson estaban relacionados por línea materna y que Anderson era probablemente Schanzkowska. Posteriores pruebas realizadas a unos cabellos de Anderson guardados en un libro por su marido, Jack Manahan, han arrojado los mismos resultados.

La tumba de los Románov

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En 1991 los restos de los que se cree que es la familia imperial fueron exhumados de una fosa común, situada en un bosque cercano a Ekaterimburgo. La fosa había sido descubierta una década antes, en 1979, pero las autoridades comunistas, que aún gobernaban Rusia, la habían mantenido oculta. Una vez abierta la tumba los excavadores descubrieron que en vez de los once cuerpos que pretendían exhumar (pertenecientes al zar Nicolás II, la zarina Alejandra, Alexis, las cuatro grandes duquesas Olga, Tatiana, María y Anastasia, el doctor de la familia Yevgueni Botkin, su criado Alekséi Trupp, su cocinero Iván Jaritónov, y la criada de Alejandra, Ana Demídova) solo había restos de nueve personas. Faltaban los cadáveres de Alexis y, según el experto forense William Maples, de Anastasia. Sin embargo, los científicos rusos afirmaron que el cuerpo que faltaba era el de la Gran Duquesa María Nikoláyevna de Rusia. Los rusos identificaron a Anastasia usando un programa informático para comparar fotos de la joven Anastasia con los cráneos de las víctimas de la fosa. Estimaron la altura y la anchura de los cráneos allí donde faltaban huesos. Los científicos estadounidenses encontraron este método inexacto.

Los estadounidenses pensaban que el cuerpo perdido era el de Anastasia ya que ninguno de los cadáveres femeninos de la fosa presentaba signos de inmadurez, como clavícula o vértebras no del todo desarrolladas o la ausencia de muelas del juicio, algo que habrían esperado encontrar en un cadáver de 17 años de edad. En 1998, cuando los restos de la familia imperial fueron finalmente enterrados, un cuerpo de aproximadamente 1,69 metros fue enterrado bajo el nombre de Anastasia. Fotografías de Anastasia y sus hermanas, tomadas hasta seis meses antes de su asesinato, muestran que Anastasia era bastantes centímetros más baja que ellas. La madre de Anastasia comentó en una carta, fechada el 15 de diciembre de 1917, siete meses antes de la matanza, la corta estatura de su hija de 16 años: “Anastasia, para su desesperación, está ahora muy gorda, como antes María. Tiene mucha grasa alrededor de la cintura y las piernas muy cortas. Espero que crezca pronto”.[60] Los estadounidenses consideraron como muy improbable que la adolescente hubiera crecido tanto en tan pocos meses, ya que su altura real debía rondar los 1,57 metros.[61]

Los análisis de ADN demostraron que los restos pertenecían a la familia imperial y sus criados, pero el destino de los dos niños desaparecidos seguía siendo un misterio. Algunos historiadores teorizan sobre lo descrito en el Informe Yurovski, donde se afirma que dos de los cuerpos fueron desenterrados de la tumba principal e incinerados en un área desconocida. La razón para actuar así se debió a que si el Ejército Blanco encontraba los cuerpos, tuvieran dudas sobre si eran los restos de la familia real al tener un número inferior de cadáveres. Pero algunos historiadores creen que la total cremación de dos cuerpos en tan poco tiempo y con los medios de que disponían Yurovski y sus hombres era totalmente imposible.[62] Numerosas indagaciones en el mismo terreno en los años siguientes, para encontrar el lugar de la presunta cremación de los dos niños Románov, fueron infructuosas.

La familia Romanov

La familia Romanov

El 23 de agosto de 2007 un arqueólogo ruso anunció el descubrimiento de dos esqueletos parciales quemados en los restos de una hoguera cercana a Ekaterimburgo, muy parecida al lugar descrito por Yurovski en sus memorias. Los arqueólogos dicen que los cuerpos pertenecen a un niño de entre 10 y 13 años en el momento de su fallecimiento y a una adolescente de entre 16 y 23 años. Anastasia tenía 17 años y un mes cuando fue asesinada, mientras que su hermana María tenía 19 años y un mes, y a su hermano Alexis le faltaba un mes para cumplir los 14 años. Las hermanas mayores de Anastasia, Olga y Tatiana, tenían 22 y 23 años cuando murieron. Junto a los cuerpos se encontraron “cascos de botellas de ácido sulfúrico, clavos, restos de una caja de madera y balas de varios calibres”. Los huesos se encontraron usando detectores de metales. Después de hacer pruebas de los dos esqueletos encontrados se determinó que pertenecian a Anastasia y a su hermano.

Fuente : Wikipedia

comentarios
  1. Paula dice:

    Uff, vaya historia, parece claro que Anastasia no sobrevivio, que rabia.

  2. Oriol dice:

    Pues no, no sobrevivio ni el apuntador, por mucho que Walt Disney se empeñase en lo contrario.

  3. Leo dice:

    Creo haber leido por ahi que la que se salvo fue Maria y que vivio en Cataluña, a alguien le suena esa historia????

  4. Rubein dice:

    Claro, María vivió en Cataluña, Cervantes era catalán, Cristóbal Colón más de lo mismo, Joanot Martorell y Albert Einstein eran de Figueras, y Paquirrín de Cornellà

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